El desenfreno de mis pensamientos y sentimientos, la dependencia de personas que envuelven tu sentir, la lejanía de aquellas que te hacen daño. La instancia en la que te encuentras solo sin nadie más que tu y el tu no basta. La
crisis de un colapso nervioso y ansioso. La adicción a recordar el pasado y el
placer del daño. Un placer que pocos entienden y que es mejor así porque no deseo que nadie lo disfrute tanto como yo, porque ciertamente, el daño no es bueno.
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